Historia y difusión de la flauta y el tamboril en España
Tamborilero - Crónica General de España, Siglo XV
Flauta y tamboril: un dúo milenario que aún resuena
La combinación de flauta de una mano y tamboril es uno de los inventos musicales más ingeniosos de la tradición europea: un solo músico capaz de crear melodía y ritmo a la vez, ideal para acompañar la danza, las fiestas y otras manifestaciones comunitarias. Su imagen nos puede resultar familiar en algunas culturas pero detrás hay una historia fascinante que merece ser contada.
Desde tiempos antiguos, las flautas han sido uno de los instrumentos más sencillos y estables: su construcción elemental y la posibilidad de modificar la altura de los sonidos mediante unos pocos agujeros hicieron de ellas herramientas musicales extremadamente eficaces. Según Manuel García Matos, en la Península Ibérica, la flauta de tres agujeros tal como la conocemos hoy —con embocadura de canal o aeroducto— se desarrolló probablemente tras siglos de experimentación, consolidándose durante la romanización y, más tarde, gracias a la actividad itinerante de los juglares medievales. Esta versión permitió a un solo intérprete tocar con la mano izquierda la flauta, mientras la derecha podía percutir un tamboril, creando un conjunto autosuficiente capaz de animar la danza y la celebración.
Miniatura de las Cantigas de Alfonso X el Sabio, s. XIII
Los primeros registros iconográficos del conjunto flauta–tamboril se encuentran en la España medieval: miniaturas de las Cantigas de Santa María de Alfonso X el Sabio y canecillos de monasterios navarros muestran a músicos ejecutando ambos instrumentos de manera simultánea. La colocación de los dedos en la zona media del tubo, observada en estas imágenes, sugiere a Jeremy Montagu vínculos con flautas de una mano más complejas, como el flabiol catalán, y apunta a un proceso evolutivo en el que se simplificó la técnica para ganar funcionalidad.
Durante la Edad Media y el Renacimiento, esta combinación se difundió ampliamente. En las cortes del Emperador Carlos V y su hijo Felipe II, los tamborileros tenían un papel destacado: enseñaban bailes, acompañaban ceremonias y ocupaban puestos privilegiados. Paralelamente, tamborileros populares recorrían municipios y aldeas, animando fiestas, procesiones y romerías. Este uso doble —cortesano y popular— explica la supervivencia del conjunto hasta nuestros días. La flauta de tres agujeros y el tamboril se mantuvieron especialmente vigentes en contextos rurales, donde un solo músico podía generar toda la música necesaria para la danza, demostrando la eficiencia de esta solución organológica.
Angeles músicos
Obra de Pedro de Berruguete - 1480
Flautas de tres agujeros tenor y bajo y tamboril
'Syntagma Musicum', Praetorius - 1618
El impacto del conjunto no se limitó a Europa. Según estudios como los de Montagu, los conquistadores llevaron el principio de la combinación flauta–tamboril a América, donde aparecen flautas de características similares y aerófonos prehispánicos —como zampoñas, sikus y flautas de carrizo— asociados a tambores rituales. No obstante, también es posible que en algunos casos estas combinaciones surgieran de manera autónoma antes de la llegada de los españoles, respondiendo a la misma necesidad funcional: articular melodía y ritmo con uno o pocos músicos. Ejemplos como el siku y bombo o el pingullo o pinkillu andino muestran que la idea de unir viento y percusión para la danza y la ceremonia no es exclusivamente europea, sino un recurso recurrente en muchas culturas.
Morris Dance - Nine daies Wonder, 1600
Hoy la flauta y el tamboril siguen vivos en distintas tradiciones. En el sur de Europa se conservan en Francia y España mientras que en Inglaterra ha renacido gracias a investigaciones folklóricas que rescataron la técnica de antiguos intérpretes. El conjunto continúa siendo utilizado por músicos tradicionales y grupos de recuperación histórica que lo valoran tanto por su eficiencia musical como por su profundo arraigo cultural. Son un testimonio vivo de ingenio, tradición y continuidad, pues desde la Edad Media hasta nuestros días se sigue mostrando cómo una solución simple, elegante y sorprendentemente duradera.
Si quieres conocer en detalle toda la historia y sus fuentes, desde los primeros antecedentes hasta su pervivencia en América y España, te invito a leer el artículo completo de Juanma Sánchez desde esta sección: "Documentos y Artículos".
Difusión actual del instrumento en España
En la actualidad, las zonas de mayor extensión de la flauta de tres agujeros son: la franja oeste, siguiendo la ruta de la Plata,
desde León hasta Huelva; en Portugal en la zona de Tras os Montes; en el norte desde la zona Pirenaica Aragonesa, Navarra y País Vasco hasta la franja cantábrica así como en la Isla de Ibiza. De igual manera se conocen casos de recuperación del instrumento tras años de olvido en Cantabria y Asturias y su pervivencia en un reducto aislado en Guadalajara (Valverde de los Arroyos), estando su uso especialmente vinculado a la danza ritual.
No podemos olvidar de ningún modo la zona catalana y mallorquina en la tradición de flauta y tamboril, pues aunque el flabiol no sea una flauta de tres agujeros propiamente dicha, el conjunto instrumental es el mismo y de gran arraigo.
El Txistu vasco es sin duda el más avanzado de la familia organológicamente hablando, se fabrica de maderas duras como ébano o granadillo (incluso resinas plásticas hoy en dia) con virolas
y boquilla metálicas, los fabricantes consiguen afinaciones casi perfectas y existe toda una familia de tamaños y tonos que
tocan en bandas y agrupaciones de txistularis. Coexiste con la txirula, más pequeña y próxima a los modelos antiguos pastoriles, hecha de
maderas autóctonas y sin virolas, que está teniendo un resurgimiento frente su “hermano mayor” por los jóvenes músicos que buscan
nuevos sonidos.
Extensión y focos geográficos de la flauta y el tamboril. Fuente: 'La Gaita y el Tamboril', A. Jambrina y J.R. Cid Cebrián
En la zona pirenaica de Aragón pervive el chiflo, cuya principal característica es que se suele forrar con piel de culebra y en
vez de tambor se acompaña con el salterio o chicotén, un tambor de cuerdas con caja de madera alargada provista de 6 cuerdas que se afinan de
tres en tres y en intervalo de cuartas o quintas. Éstas se golpean con una baqueta para llevar el ritmo. Este instrumento fue
conocido en otros lugares de la Península, y parece ligado a celebraciones festivas en el interior de los templos y a la danza ritual. Cuando éstas
se trasladan a zonas de exterior abiertas, el sonido del salterio se aprecia menos, siendo más conveniente para éstos casos el tambor.
En Ibiza se conserva la flaüta, fabricada tradicionalmente con madera de adelfa, que gracias a su médula blanda puede ser fácilmente perforada.
Se decora con piezas metálicas de estaño y lo curioso es que según los instrumentistas emplean la mano derecha, la izquierda, o ambas.
También en el ámbito insular, pero ya en las Islas Canarias, podemos encontrar evidencias de uso éste tipo de instrumento en el pasado cercano. Parece ser que pudo llegar
desde Andalucía, pues la flauta y el tamboril son parecidos a los de Huelva. Actualmente se utilizan para la danza de la festividad
de S. Pedro en Güímar, al sur de Tenerife, aunque también se encuentran flautas similares en las islas más occidentales.
Mapa de la Flauta y Tamboril en España
En León, norte de Zamora y Tras os Montes (Portugal) se suele fabricar de madera de boj, sin virolas y torneando la zona de la embocadura con dibujos ornamentales.
En Salamanca, la gaita charra o salamanquina es muy utilizada y cada vez cuenta con más instrumentistas jóvenes que aprenden de los tamborileros más mayores. Debido a la calidad de construcción de sus artesanos se ha convertido en el instrumento estandar también para los intérpretes de Cáceres y Zamora.
Se fabrica de encina con virolas de cuerno de vaca, la embocadura suele ser de madera o hueso y se conocen muchas formas, modelos y tamaños,
quizás sea la zona, junto con el País Vasco y Navarra, en que más arraigo tiene en la actualidad el conjunto flauta-tamboril. Más al sur en Extremadura también se conservan diversos tipos de gaitas.
En Extremadura, aunque la tradición sigue muy viva en las comarcas del norte de Cáceres, la gaita tradicional casi ha desaparecido debido al uso de gaitas charras por parte de los tamborileros, pero gracias
a nuevos folcloristas y músicos está en proceso de recuperación.
En Huelva, durante la Romería del Rocío, proliferan las gaitas rocieras, agudas,
de tubo fino, acompañadas de grandes tambores, abren las procesiones y siguen las fiestas y romerías. Los modelos tradicionales antiguos suelen tener la boquilla protegida por una pieza de cuerno aunque en los últimos años la tipología ha cambiado con el uso de nuevos materiales y técnicas constructivas. Cada vez más van tomando la posición de instrumento principal dentro del folclore de esa zona de Andalucía.
Según algunos vestigios históricos e iconográficos la flauta de tres agujeros estaba extendida también por toda Galicia. En lugares como Vigo,
Noia (Coruña) y otros, hay testimonios de la utilización de este instrumento por desgracia extinguido hace varias generaciones en esa zona de España.
En los años centrales del siglo XX, con la Industrialización y la masiva urbanización, la flauta de tres agujeros y el tambor o el salterio sufrieron un proceso de declive hasta casi su extinción, salvo en aquellas zonas en que se tomó como 'instrumento típico' o donde no era posible reemplazarlo por otro diferente, como les sucedió a muchos otros instrumentos y tradiciones. Por suerte, desde inicios del siglo XXI la creciente sensibilización hacia las culturas populares promueve su recuperación. Cada vez hay más músicos profesionales o aficionados que se acercan a éste instrumento y parece que incluso en lugares donde se daba por perdido, comienza de nuevo a revitalizarse gracias a la iniciativa de tamborileros que con pocos medios han sido capaces de crear escuelas.